jueves, 4 de octubre de 2007

L`orologio fermo alle 7


Su una delle pareti di la mia stanza era appeso un bell’orologio antico che non funzionava più. Le lancette ferme indicavano imperturbabili la solita ora: le sette in punto.

In fondo, quell’orologio fermo era solo un inutile soprammobile su quella parete biancastra e vuota. Eppure vi erano due momenti della giornata, due istanti fugaci, in cui il vecchio orologio pareva risorgere dalle ceneri come l’araba fenice.

Quando tutti gli altri orologi della città, i cucù, i campanili con i gong delle loro campane segnavano le sette, il vecchio orologio riprendeva vita. Due volte al giorno, la mattina e la sera, quell’orologio tornava in completa armonia con il resto dell’universo.

Se guardassimo quell’orologio soltanto in quei due momenti, diremmo che funziona alla perfezione... Invece, passato quel momento, l’orologio perde il passo, rimanendo fedele a quell’ora.

Ecco, io amo quell´orologio perche io somiglio a quell’orologio. Anche io mi sento bloccato in un tempo. Anche io mi sento inchiodato, immobile. In un certo senso, anch’io sono un adorno inutile su una parete vuota.

Ma so che anch’io potrò godere di fugaci istanti in cui, misteriosamente, giunge la mia ora. In quei momenti mi sentirò vivo. Tutto sarà chiaro e il mondo diventerà meraviglioso. Potrò creare, sognare, volare, dire e sentire di più in quei momenti che in tutto il resto del tempo.

Come a quell’orologio, anche a me sfuggiva il tempo degli altri.Passati quei momenti, gli altri orologi che si annidano dentro altri uomini continuavano a girare, mentre io ritornavo alla mia morte statica, al mio lavoro, alle mie chiacchiere da pub, al mio incedere annoiato che sono solito chiamare “vita”.

Ma so che la vita è un’altra cosa. So che la vita vera è la somma di quei momenti che, seppure fugaci, ci consentono di avvertire la sintonia con l’universo. Quasi tutto il mondo, poverino, crede di vivere. Ma esistono soltanto attimi di pienezza, e chi non lo sa e insiste nel voler vivere per sempre, sarà condannato al mondo del grigio, al ripetitivo andare della quotidianità.

Forse tutti viviamo soltanto nell’armonia di quei pochi momenti. Aspetterò che l’ora della vita coincida con la mia ora. E quando arriverà me la voglio godere. Magari poi passa...passa anche troppo in fretta..ma almeno me la sono goduta...

Perciò ti amo, vecchio orologio. Perché io e te siamo la stessa cosa.
GIOVANNI PAPINI
En una de las paredes de mi cuarto hay colgado un hermoso reloj antiguo que ya no funciona. Sus manecillas, detenidas desde casi siempre, señalan imperturbables la misma hora: las siete en punto.


Casi siempre, el reloj es sólo un inútil adorno sobre una blanquecina y vacía pared. Sin embargo, hay dos momentos en el día, dos fugaces instantes, en que el viejo reloj parece resurgir de sus cenizas como un ave fénix.


Cuando todos los relojes de la ciudad, en sus enloquecidos andares, y los cucús y los gongs de las máquinas hacen sonar siete veces su repetido canto, el viejo reloj de mi habitación parece cobrar vida. Dos veces al día, por la mañana y por la noche, el reloj se siente en completa armonía con el resto del mundo.Si alguien mirara el reloj solamente en esos dos momentos, diría que funciona a la perfección... Pero, pasado ese instante, cuando los demás relojes callan su canto y las manecillas continúan su monótono camino, mi viejo reloj pierde su paso y permanece fiel a aquella hora que una vez detuvo su andar.


Y yo amo ese reloj. Y cuanto más hablo de él, más lo amo, porque cada vez siento que me parezco más a él.También yo estoy detenido en un tiempo. También yo me siento clavado e inmóvil. También yo soy, de alguna manera, un adorno inútil en una pared vacía.


Pero disfruto también de fugaces momentos en que, misteriosamente, llega mi hora.Durante ese tiempo siento que estoy vivo. Todo está claro y el mundo se vuelve maravilloso. Puedo crear, soñar, volar, decir y sentir más cosas en esos instantes que en todo el resto del tiempo. Estas conjunciones armónicas se dan y se repiten una y otra vez, como una secuencia inexorable.


La primera vez que lo sentí, traté de aferrarme a ese instante creyendo que podría hacerlo durar para siempre. Pero no fue así. Como mi amigo el reloj, también se me escapa el tiempo de los demás. Pasados esos momentos, los demás relojes, que anidan en otros hombres, continúan su giro, y yo vuelvo a mi rutinaria muerte estática, a mi trabajo, a mis charlas de café, a mi aburrido andar, que acostumbro a llamar vida.


Pero sé que la vida es otra cosa.Yo sé que la vida, la de verdad, es la suma de aquellos momentos que, aunque fugaces, nos permiten percibir la sintonía del universo.Casi todo el mundo, pobre, cree que vive.Solo hay momentos de plenitud, y aquellos que no lo sepan e insistan en querer vivir para siempre, quedarán condenados al mundo del gris y repetitivo andar de la cotidianidad.


Por eso te amo reloj. Porque somos la misma cosa tú y yo.

4 comentarios:

Marta dijo...

Me encanta, Emma. Creo que yo también soy como ese reloj, atrapada en instantes.

Y en italiano suena aún más precioso! Gracias por esta joya ;)

Immergente dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Immergente dijo...

Este relato no deja indiferentes... ni mucho menos a Woody Allen, que lo transforma en chiste en una escena de Anything Else.

Acabo de leer una versión suya en un libro en castellano. Iba buscando por la web la versión original del cuento y resulta que entre las páginas en italiano, donde se supone que tendría que estar, no hay ni una en la que se encuentre. Hasta que finalmente llegué a tu blog: gracias por compartirlo!

PS.: Un pequeño apunte acerca del nombre del blog: quizás en italiano se escribe "chissà", mientras "chi sa" significa "quien sabe". Es fácil liarse porque suenan muy parecido. ;)

0 margen dijo...

increíble emma...estoy escribiendo un post... sobre papini... busco cosas, encuentro, busco en italiano el cuento que más recordaba, uno de los que más recordaba de papini...y encuentro este... después, mucho después, cuando estoy copiando el link... veo que eres tu!
no salgo del asombro
y saludo desde madrid