miércoles, 2 de abril de 2008


"Comprendí que las cosas de aquel mundo nunca ocurrían de una sola vez y de principio a fin de forma absoluta, sino que cada cosa o circunstancia iba ocurriendo a trozos por ser siempre demasiado grande y magnífica para tener cabida en un solo suceso, y a cada una de esas pequeñas ocurrencias de una misma cosa dejaba en nosotros manchas de colores e intensidades diferentes, señales de nuestra biografía, aromas o estigmas, huellas o visiones que nos indicaban en cada instante por dónde seguir y nos enseñaban cómo las fracciones aleatorias de cada suceso se alineaban en el tiempo y enhebraban aquel momento partido de la circunstancia total con todos los demás momentos, y aquélla era la fórmula del sentido de la vida, aquél era el hilo que unía los sucesos ordinarios y los alineaba en el tiempo para formar el sortilegio de lo extraordinario."


de El palacio azul de los ingenieros belgas,

por Fulgencio Argüelles

1 comentario:

Anónimo dijo...
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