domingo, 7 de marzo de 2010

fotografías


Cada momento se divide en segundos que analizados individualmente no significan nada pero en conjunto crean una vivencia. Este minúsculo trozo de vida después se instaura en nuestra memoria y quizá se acomode para siempre, de forma que podemos acceder a él como quien echa mano de la sal para cocinar, o quizá se desmenuce con el tiempo y más tarde se recupere instantáneamente, o incluso puede que nunca más vuelva a incidir en nuestra mente... ¿de qué depende?

Afirmar que depende de lo intensa que haya sido esa sensación o de la cantidad de importancia que le hayamos dado no funciona, al menos, en mi caso. A veces el subsconsciente me regala sin ton ni son instantes pasados que son bastante banales y otras me oculta recuerdos gratificantes que me gustaría rememorar pero han sido relegados a algún lugar que no consigo desenpolvar.

Ignoro si éste fue el origen de la fotografía, es decir, que Niépce un buen día decidiera dedicar su vida a salvaguardar sus propias experiencias de una forma tangible y encontrara en una caja de luz el modo para hacerlo. Sea como sea, es bastante reconfortante que lo haya conseguido y nos encontremos en este punto de la historia para disfrutar de sus beneficios, ya que nos permite, a su vez, no olvidarnos a nosotros mismos con el tiempo.

Puesto que sólo somos lo que hemos vivido.

3 comentarios:

Fernando Manero dijo...

Bellisima reflexión. Una de las mejores interpretaciones de la culturav fotográfica que he leido. Besos

Emma Nem dijo...

gracias majo! me has ruborizado y todo :)

dame pistachos dijo...

Añadimos una página más?

http://www.vimeo.com/4155700

:)